La invasión a México y la soberbia de Trump

Por: Oscar Müller C.

Viendo en la imagen satelital el territorio del estado estadounidense de Texas, se podrá constatar la ubicación del Río Nueces, aproximadamente a la mitad de esta región; al sur se encuentra el Río Bravo, que hoy marca la frontera entre México y su vecino del norte.

No siempre fue así, todo ese territorio pertenecía al Virreinato de la Nueva España y después de la separación de este del Reino Ibérico, pero era un territorio con muy poca población y durante décadas se permitió que Estados Unidos enviara colonos a dicha región, en 1836 los habitantes anglosajones de esta, decidieron separarse de México y, luego de una guerra de milicias de colonos que derrotaron al ejército mexicano, decidieron formar una nación independiente a la que denominaron República de Texas y cuyos límites se encontraban al este con el territorio de Louisiana y al sur con el Río Nueces.

Diez años después, se dieron dos sucesos que serían antecedentes a uno de los abusos más grandes de los que Estados Unidos debe avergonzarse, la República de Tejas se anexionó al país del norte y unos ciudadanos de este tuvieron un encuentro con tropas mexicanas al sur del Río Nueces, del que resultaron muertos y heridos por ambos bandos.

Era la muerte de ciudadanos norteamericanos por tropas de otro país, causa suficiente para declarar la guerra y el presidente del país norteño solicitó al congreso autorización para entrar en guerra contra México, lo que le fue concedido.

Así empezó uno de los pasajes más abusivos de la historia de las barras y las estrellas, se invadió México por tierra entrando tropas por el actual Estado de Tamaulipas y por mar, mediante el cerco del principal puerto mexicano en ese tiempo: Veracruz.

En honor a la verdad, México era un país sin orden, en el que los grupos políticos peleaban por el poder un día sí y el otro también, desde su independencia no había tenido un período de estabilidad que le permitiera crecer y hacerse de un ejército suficientemente fuerte para defenderlo, por eso abandonó los territorios del norte y también por eso fue presa fácil para los ejércitos entrenados y bien equipados que nos invadieron.

México fue abatido fácilmente y tuvo que pactar la paz mediante el tratado conocido como Guadalupe Hidalgo, en el que Estados Unidos se apropió de más de la mitad del territorio que tenía el país subyugado por la fuerza y su corrupta clase política.

Recordando estos sucesos, el actual presidente de EEUU, con fecha 2 de febrero, aniversario del tratado mencionado, emitió un comunicado de la Casa Blanca en que se califica la invasión como una "victoria legendaria" que aseguró el suroeste y reafirmó la soberanía estadounidense.

Pero no es el único presidente de ese país que ha expresado su opinión sobre dicha guerra, Abraham Lincoln, siendo congresista en 1847, presentó las famosas "Spot Resolutions" (Resoluciones del Punto). En las que desafió al presidente Polk a señalar el "punto exacto" en el mapa donde se había derramado sangre, argumentando que el incidente ocurrió en territorio mexicano y que la guerra era una agresión innecesaria e inconstitucional.

Por su parte, Ulysses S. Grant, quien peleó en la guerra, contra México, como joven oficial, escribió, en sus memorias, años después: "Considero la guerra de México como una de las más injustas jamás libradas por una nación fuerte contra una débil... Fue el castigo de una nación que seguía el ejemplo de las monarquías europeas, al no considerar la justicia en su deseo de adquirir territorio."

Lincoln y Grant, tienen ya un lugar en la historia del país norteamericano, Donald Trump todavía no recibe el juicio que viene con los lustros, pero me preguntó si alcanzará las alturas de los otros dos o quedará en el fango.

Oscar Müller Creel

Oscar Müller Creel